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La situación económica de América Latina y del Caribe al desnudo
escrito por quela
miércoles, 16 de enero de 2008
Reportaje
Hoy he tenido el inmenso placer de poder asistir, previa invitación, a la conferencia sobre la situación económica de América Latina y del Caribe en la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad Complutense de Madrid, donde he podido conocer personalmente a uno de los mayores expertos en estas economías, José Luís Machinea, actual Secretario General Ejecutivo de la CEPAL y Ex Ministro de Economía de Argentina desde diciembre de 1999 hasta febrero de 2001.
(De izq a drcha: Jose Antonio Alonso, José Luís Machinea)
Junto al Rector de la UCM, Carlos Berzosa, el novísimo Decano de la Facultad de Económicas, José Luís Perdices, y el director del ICEI (Instituto Complutense de Estudios Internacionales) José Antonio Alonso, se ha presentado un balance preliminar sobre estas economías durante el 2007, junto a un análisis comparativo con las décadas anteriores.
América Latina y Caribe es una zona muy heterogénea en cuanto a crecimiento y políticas económicas se refiere. En 2007 el crecimiento de la región fue de un 5,6%. Encabezarán la lista de países más prósperos para 2008 Panamá, Argentina y Venezuela, con tasas superiores a la media.
Latinoamérica está experimentando un superávit por cuenta corriente nunca visto desde 1953, sustentado en remesas de inmigrantes, siendo Centroamérica la región que ha visto crecer en 8 puntos sus volúmenes.La influencia del despegue chino está muy presente en estas economías haciendo descender los precios de las exportaciones de manufacturas, teniendo como contrapartida el acrecentamiento del precio del petróleo y el aumento del precio de los recursos naturales, muy arraigados en regiones de América del Sur.
El crecimiento, y motor de la economía, está sustentado en la inversión. Está basada en gastos públicos corrientes, muy del agrado del público, pero carentes para tejer una estructura productiva duradera a largo plazo. La falta en inversión en energía, transportes y en general en infraestructuras, es uno de los males que azotan y adolecen de políticas económicas encaminadas a mejorar el desarrollo productivo del país.
(De izq a drcha: Carlos Berzosa y Luís Perdices)
El consumo está teniendo una fuerte presencia como demandante de bienes y servicios, como contrapartida a la caída de las exportaciones, enclave impulsor del principio de siglo. El problema radica en la alta elasticidad de las importaciones con respecto al PIB (2,5) que lastra la elasticidad de las exportaciones muy por debajo del ratio mínimo de equilibrio.
Se podría deducir que bajo una situación de aumento del consumo, el ahorro interno es casi nulo. Sin embargo, dado que el ingreso nacional supera al crecimiento del producto debido a los envíos de remesas, ello posibilita un ahorro interno. Parte de este ahorro se ha pasado al sector productivo en forma de inversión, pero dependiente de buenas coyunturas económicas en cuanto a precios y crecimiento.
La pobreza es otro factor de perpetua presencia en estas economías. La pobreza extrema, entendida como la cantidad de dinero necesaria para adquirir las calorías mínimas de supervivencia, ha decrecido más rápidamente que la absoluta. Esta situación muestra una bolsa de pobreza constante de difícil solución en el corto-medio plazo. En 2007 la pobreza extrema se situaba en torno a 12,7% de la población (69 millones de personas) encontrándose en 1980 en el 18,6%. La pobreza absoluta se sitúa en torno al 35,1% (190 millones de personas, acentuándose en 1980 acercándose al 40,5% de la población), imposibilitando la tenencia de los estándares mínimos de vida en cuanto salud, nutrición y vivienda se refiere.
Este decrecimiento de la pobreza, en ambas vías, es debido a un empleo potenciado por un menor número de familiares a cargo, debido a la incorporación de jóvenes y mujeres al mercado laboral, lo que se ha denominado el “bono demográfico”, aumento de los ingresos no laborales por trasferencias públicas y privadas e incentivado por las remesas, y transferencias condicionadas encaminadas a población con alta pobreza.
Ríos de tinta se han escrito sobre la debilidad externa de una región dependiente de un petróleo tan fluctuante y de unas exportaciones concentradas en bajas tecnologías, pero el aumento de las reservas de internacionales y el decaimiento de la deuda externa, inclusive el pago completo de la misma como se acontece en Ecuador, han inducido a pensar que la fortaleza de estas economías es tal que pueden afrontar situaciones tan críticas financieramente como las acontecidas actualmente.
Pero son muchas las preocupaciones que están presentes. La afectación del área ante una desaceleración fuerte de la construcción en EE.UU. y de su consumo, podría afectar a la economía real, no en las exportaciones de petróleo, que únicamente podría repercutir en vaivenes en los precios, sino en las exportaciones de manufacturas de baja tecnología y textiles difíciles de redireccionar a mercados como el europeo por las reglas de origen.
No podía dejar de estar presente el problema de las hipotecas subprime. El precio de las viviendas en EE.UU., que en zonas como California cayó en torno al 15%, podría ser el factor de decadencia del sector hipotecario. El problema no se concentra en la disminución de los créditos de alto riesgo, sino en los créditos de vivienda habitual. Si los bancos tienen que provisionar sobre hipotecas “buenas”, podría generar una quiebra en el sistema que desestabilice el mercado hipotecario y financiero.
Otra lacra actual es la subida de la inflación en las distintas zonas latinas. La política monetaria de tipos de interés sólo podrá ser válida si el problema radica en ralentizar el consumo. En cambio, sería insuficiente si el problema está ubicado en el mercado de crédito.
La apreciación del tipo de cambio real y el carácter procíclico del gasto público son otras espinas de una flor plagada de las mismas. La apreciación del tipo de cambio real es consecuencia casi salomónica del aumento del superávit por cuenta corriente y de la cuenta financiera. El enclave se encuentra en las remesas de inmigrantes. Por otro lado, la financiación del gasto público por acrecentamiento del precio de los recursos naturales y la orientación del mismo hacia sectores no englobados en el tejido productivo, será caldo de cultivo de una perpetuación de las desigualdades y el subdesarrollo económico en el largo plazo.
En palabras de Machinea, “la región no está aprovechando del todo la coyuntura favorable”, y necesitará de mejoras en la calidad de la educación, incentivos públicos en inversión e innovación, e inversión infraestructural para que la situación se mantenga en las siguientes décadas.
No podemos olvidarnos de estas regiones. Que aunque no estén tan presentes en los medios como la tan comentada Europa, como bien indicaba Berzosa “no nos encerremos en nosotros mismos”.
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