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Reportaje desde el Círculo de Bellas Artes en Madrid
Ayer día 20 de Febrero tuve el privilegio, previa invitación personal del Real Instituto Elcano, de asistir a la presentación del libro: “Políticas, Regiones y Límites de la Transformación en el Norte de África”, escrito entre otros autores por Haizan Amrah Fernández, Investigador principal del área de Mediterráneo y mundo árabe del Real Instituto Elcano. 
El libro fue confeccionado por diecisiete investigadores repartidos por siete países, entre ellos España, Estados Unidos, Italia. Fue un arduo trabajo que ha contado con académicos de primer nivel desde universidades españolas (Universidad Autónoma de Madrid) y universidades extranjeras (Universidad de Nueva York). Desde un análisis profundo de las economías que componen el Magreb, Marruecos, Túnez, Argelia, Libia y Mauritania se desprenden cinco grandes dilemas a los que de forma conjunta y por separado deben hacer frente estas economías. En primer término, la necesidad de democratización del área en su conjunto es un tema de gran discusión y necesidad en los países de análisis. Actualmente la inclusión de partidos islamistas en Marruecos, Argelia y Mauritania es un tema que crea confusión en el escenario internacional y es analizado con cautela desde ámbitos políticos, económicos y sociales. Por su parte, Túnez no ha optado por la incorporación entre sus candidatos a presidencia a ningún componente de partidos islamistas, lo que le concede un grado de gracia mayor. Existe un fervoroso deseo de democracia en el Magreb desde una sociedad civil cada vez más activa. Irónicamente, el panorama actual se focaliza en la captación de fondos por parte de ONG´s, más preocupadas en cuestiones monetarias que en realizar sus labores de demanda social y crítica dictatorial. Especialmente en los países de Marruecos y Argelia esta situación de dejadez organizativa tiene un gran calado. Las dificultades en la libertad de expresión y otras libertades básicas están lastradas y subyugadas en regímenes de pensamiento único. En Libia y Túnez existen ciertas dificultades para ejercer el derecho de expresión, aunque hay unas mínimas posibilidades de hacerlo. Este proceso democratizador tiene una vertiente interna y otra externa. Internamente, coexiste una posición crítica desde los autores con respecto a la falta de presión suficiente por parte de Europa sobre el área para reconducir o acelerar los procesos democratizadores que se están llevando a cabo en estas economías. Paralelamente, desde un punto de vista externo, la política de presión que lleva Estados Unidos es considerada contraproducente. Estados Unidos espera que acontezcan cambios muy rápidos en el organigrama de derechos hacia países democráticos, pero ejerce una presión desmesurada y obtiene como contrapartida nulos resultados. En definitiva, Estados Unidos despliega demasiada presión sin resultados y con peligro de hostilidad en los países receptores por querer ir demasiado deprisa. En cambio, Europa teniendo la posibilidad de poder ejercer más presión no sólo por su cercanía geográfica, sino por los lazos económicos que unen a ambas regiones, no realiza la presión necesaria al estatus internacional e institucional que le corresponde. (De izq a dcha: Bernabé López -Catedrático de Historia del Islam Contemporáneo en la Universidad Autónoma de Madrid-, Fidel Sendagorta -Embajador en Misión Especial para Asuntos del Mediterráneo-, Gustavo Suárez Pertierra –Presidente del Real Instituto Elcano- y Haizan Amrah Fernández -Investigador principal del área de Mediterráneo y mundo árabe del Real Instituto Elcano-) Las reformas económicas y políticas son otro desafío del Magreb. Según indicó Fidel Sendagorta, Embajador en Misión Especial para Asuntos del Mediterráneo y Director del gabinete de Análisis y Previsión del Ministerio de Asuntos Exteriores de España: “Sin avanzar en las reformas económicas no puede realizarse un desarrollo económico”. Apostilló que el desarrollo humano tenía unos devastadores efectos sobre la red social y por ello era una debilidad de las reformas económicas no enfocarlas al desarrollo social. Tiende a relacionarse que acometer reformas económicas implica necesariamente un cambio en la estructura política de un país. Un ejemplo claro de que esa necesidad no es tan imperiosa la encontramos en Libia. Libia necesita realizar reformas económicas como sus socios del Magreb, pero no debe implicar un cambio político. La necesidad de mantener un statu quo es una condición necesaria para evitar una desestabilización de los movimientos terroristas que están ubicados en la zona. Mauritania está realizando las primeras elecciones transparentes en el mundo Magreb, pero bajo la tendencia tribal, situación que acontece con demasiada frecuencia en la zona. En cuanto a desarrollo humano, Argelia está situada en el puesto 102 en el Índice de Desarrollo Humano (IDH) realizado por el PNUD (Programas de las Naciones Unidas por el Desarrollo), Túnez en el puesto 87 y Marruecos 126. El bajo IDH de Marruecos ha requerido de una especial atención por parte de las autoridades pertinentes y se está realizando un proyecto sobre desarrollo humano: “50 años de desarrollo humano en Marruecos y perspectivas para 2025” inaugurado por el Rey Mohammed VI en su discurso del 20 de agosto de 2003. Para llevar a buen término este proyecto en palabras de Sendagorta: “Es necesario voluntad de erradicar el analfabetismo y luchar en pro de la salud y realizar un programa de progreso económico para conseguir un desarrollo humano digno. El crecimiento económico es parte de la solución. Falta un desarrollo económico que parta de las economías nacionales”. Siguiendo esa estela, Sendagorta recalcó la necesidad de ese desarrollo en un enfoque de integración regional como tercer desafío o dilema que tiene pendiente África del Norte. La tesis de que una mayor tasa de crecimiento económico conlleva una mayor integración regional es ratificada por todos los autores. Los detrimentos en crecimiento por la falta de integración se han cuantificado en varios miles de millones de pérdidas en inversiones extranjeras para la región. Es el denominado “Coste del no Magreb”. Muchos han sido los esfuerzos desde las potencias dominantes para implantar un modelo de desarrollo que funcione en este área, pero también han sido muchos los fallos que se han derivado del mismo por no existir una voluntad de orientar los modelos de desarrollo a las necesidades de la región. Esta situación conlleva frustración para las economías africanas que ven como áreas como América Latina tienen éxito en medidas de desarrollo y su región sigue adormecida en un sueño del que no consigue despertar. En el foro interno de todo estudioso del Magreb nace la pregunta, nunca evitable, sobre si sería posible una integración regional tras la finalización del conflicto del Sahara. Muchos opinan sí de forma rotunda y única, y otros comentan que sería una condición necesaria pero no suficiente. El coste global de este conflicto es muy elevado para la región en su conjunto, en la medida en que entorpece el desarrollo de la Unión del Magreb Árabe, ocasionando demoras en la integración económica, escasa inversión extranjera y tasas de crecimiento más bajas. Tal vez lo más grave es el hecho de que la mala administración del área comprendida entre el Sáhara Occidental, el norte de Mauritania y el suroccidente de Argelia se haya convertido en una zona de tráfico ilegal (drogas, personas y múltiples formas de contrabando) que sufre de falta de cooperación en materia de seguridad. El último desafío está enfocado en materia de seguridad y políticas relacionales con Estados Unidos y la Unión Europea. Se podría empezar este apartado indicando que la hegemonía francesa en el Magreb se resquebraja y está dejando paso a otras potencias que desean llevar a cabo proyectos ambiciosos. De los 26 proyectos de inversión comercial en el área, cuantificados en más de 1.000 millones de dólares (unos 684 miles de millones de euros), catorce han sido realizados por países del Golfo, tres por cuatro por Estados Unidos y los tres últimos por otros países. Europa sigue haciendo caso omiso a una oportunidad de inversión en el que se podría convertir en un socio potencial en el medio plazo. Pero China sí ha visto ese filón de enriquecimiento que le puede proporcionar estos nuevos países emergentes y se ha posicionado como el tercer socio comercial en el Magreb con inversiones multimillonarias. De forma independiente, Marruecos firmó un estatuto de negociación comercial que está muy avanzado con la Unión Europea, del que Argelia está más reticente, debido a que posee el dinero suficiente derivado de los altos precios del petróleo. Pero ha sucumbido a la firma de un acuerdo de asociación con la Unión Europea. Túnez ha firmado un acuerdo de área de libre comercio con UE. Libia está empezando a negociar un acuerdo comercial, mientras Mauritania está inmersa en la ACP (Acuerdo entre países de África, Caribe y Pacífico), pero en el Proceso de Barcelona tuvo contactos con la Unión Europea en materia comercial. Los países del Magreb necesitan de estudios profundos e inversiones exteriores para ascender como futuras economías emergentes de las próximas décadas. Chinos, europeos y norteamericanos no serán los únicos que queden seducidos por el calor de la tierra de las mil y una noches.
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