Las restricciones de crédito existen según seas o no alguien poderoso. Hoy se puede leer que Gas Natural ha cerrado un crédito de 16.753 millones de euros para financiar por completo la compra de Unión Fenosa.
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En el número 8111 de Traverse Street una casa bien situada donde su precio hace dos años era de 65.000 dólares, se ha vendido por la módica cantidad de un dólar.
Pocas son las veces que económicamente hablando, coincido con el señor Solbes, cuestión que ha sido ilustrada por muchos de vosotros en los distintos comentarios que habéis insertado en los artículos.Pero alguna vez se tenía que dar el milagro.
Esta semana, el Ministro de Economía y Hacienda, Pedro Solbes, en la Comisión de Economía del Gobierno de la semana pasada indicó: “el sector inmobiliario ha acumulado excesos en años anteriores que deben ser corregidos para que la construcción residencial vuelva a crecer con normalidad, en el entorno del 3%...El ajuste de la construcción, y su efecto arrastre sobre el resto de sectores, va a tener inevitablemente un impacto en el PIB, aunque será transitorio”. Por otro lado, tras la noticia de esta semana sobre la rebaja del IPC en tres décimas hasta instalarse en el 4,2%, el propio Ministro ha reconocido: “Estamos un poquito mejor, lo cual no quiere decir que estemos bien,… pero una inflación por encima del cuatro por ciento, hay que decir que es una mala inflación.”
Como indico en el titular, coincido plenamente con el señor Solbes en ambos aspectos.
En lo referente al sector inmobiliario, durante más de 10 años, constructores, promotores, inmobiliarias, y demás actores y títeres han obtenido plusvalías suculentas por la venta, inclusive antes de comenzar las obras, de inmuebles que han visto crecer su precio de forma extraordinaria año tras año.
Muchos catastrofistas de la era inmobiliaria se unieron a la fiebre de poseer grandes todo terrenos urbanos, mansiones, inversiones especulativas en terrenos de dudosa recalificación, lujos varios derivados de las no “normales” plusvalías de mercado, exigiendo ahora al Gobierno ayudas al sector porque “más de un millón de puestos de trabajo están en peligro”.
La negativa del Ministro de Economía es lógica y necesaria. Aumentos del precio de la vivienda por encima del 15% durante más de una década, no son sostenibles a largo plazo, si no es con una reinversión de las plusvalías generadas en el sector.
Innovar, desarrollar e investigar en nuevas tecnologías deberían haber sido los estandartes de la construcción para enfrentarse a las nuevas necesidades que emergían y se vislumbraban al final del periodo. Inclusive se llamaba a gritos desde la crisis anterior acaecida en 1991, dónde el sector, no sólo no entendió que necesitaba de forma urgente una remodelación profunda en su estructura productiva, sino que en una coyuntura de bonanza se olvidó de sus necesidades y se dedicó al cultivo de grandes fortunas endeudadas y dependiente de una burbuja que no tenía el carácter de permanente.
No hay mal que por bien no venga, se escucha últimamente en los distintos medios. El necesario reajuste del mercado inmobiliario no debería desalentar al sector. Las nuevas formas de vida familiar, la inmigración, la emancipación tardía de la juventud, son alicientes que deberían estar presentes en la mente de promotores y constructores.
La inviabilidad en el sostenimiento de la actual oferta proviene de la necesidad de rebajar la cantidad de viviendas realizadas, y menguar de forma paulatina los precios de la vivienda. Cuando estas hipótesis cumplan con su probabilidad de éxito, el ciudadano de a pie podrá hacer frente a la compra y adquisición de una vivienda en unas condiciones que no hipotequen, ni su vida actual, ni la futura.
Por último me gustaría indicar mi aceptación de la idea del señor Solbes en lo referente al nivel del IPC. Una cifra por encima del 4% es una mala noticia. Ciertamente, sobrepasar el umbral del 2% establecido en Maastricht y defendido como pilar fundamental de la política monetaria en la eurozona es una noticia de difícil solución máxime cuando hay actores que no siguen las pautas en los papeles establecidos.
Sólo le queda al señor Solbes aplicar medidas de carácter fiscal y una política de rentas para ayudar a frenar la inflación, igualmente la subyacente –no incluye los precios de energía y productos frescos-, que se sostiene en niveles de los más altos desde la entrada del Euro en 1999.
A Solbes, sólo le queda el bastión de la política fiscal y de rentas para controlar e impulsar una inflación que galopa como cual caballo desbocado, y un sector de la construcción que vive sus horas bajas peor que la resaca de un primero de año.
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