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Sobre el proceso de ajuste de la economía española
escrito por Mª Jose Novales y Joaquín Zamorano
martes, 27 de mayo de 2008
La economía española no sólo debe hacer frente a un ajuste ante las nuevas condiciones económicas, sino que su verdadero reto es el de encontrar un nuevo proceso de crecimiento que garantice que los niveles de vida de las nuevas generaciones sean superiores a los de la generación actual. Es decir, un patrón de crecimiento que ofrezca mejoras de productividad. Y para ello, antes es necesario realizar un proceso de transición o de ajuste.
Las cuestiones respecto a este proceso de transición o de ajuste son tres:
- Forma de llevarlo a cabo
- Duración e intensidad del mismo (en forma de V o más duradero en el tiempo)
- Facilidades del entorno exterior
Forma del ajuste
Cuando aparecen divergencias insostenibles en los niveles de competitividad, y descartada la manipulación del tipo de cambio, la única forma de llevar a cabo el proceso de ajuste es a través de una reducción de costes y, más concretamente, de costes laborales.
Duración e Intensidad del Ajuste
Estos procesos que descansan en los ajustes salariales suelen ser lentos, como señalan los ejemplos de Alemania después de la reunificación y de Portugal en la década de los años noventa del siglo pasado, ante la expectativa de un incremento de la productividad que nunca se materializó. En el caso de España, la respuesta debe considerar los siguientes factores:
- Que el patrón de comportamiento que la economía española ha venido ofreciendo en los últimos años se asemeja mucho más al seguido por las economías anglosajonas que a las de la zona europea. Así lo atestiguan sus tasas de crecimiento, las más elevadas de la UME y con un déficit externo muy elevado, cuya contrapartida es un endeudamiento creciente del sector privado. Se estima que los pasivos exteriores alcanzan los 362 000 millones de euros, mucho de los cuales son frente a bancos alemanes y franceses.
- Que la economía española es relativamente flexible; es decir, que al igual que se beneficio de las sinergias que esa flexibilidad genera, ahora existen esas mismas flexibilidades cuando la economía se adentra en este tipo de ajustes.
- Incertidumbre creciente respecto al sistema bancario. En la actualidad, se protestan el 20% de los efectos que se presentan, aunque esta tasa presenta una gran disparidad, con las cajas de ahorro presentando los mayores porcentajes. Las comisiones están descendiendo, debido a que los impositores están trasladando sus tenencias desde fondos de inversión a depósitos. Su pasivo se les está encareciendo y la competencia creciendo.
- Espera de los efectos de “segunda ronda” de los precios de las importaciones a los salarios, reafirmando el diferencial de inflación que deteriora la competitividad.
Estos efectos sugieren que el ajuste será intenso, en forma de V. Aunque hay que introducir una última consideración a este respecto: los efectos de la inmigración sobre los salarios de aceptación de trabajos, sobre todo en aquellos de baja cualificación. El margen de reducción no es muy grande, lo que tiende a que el proceso de ajuste sea más lento de lo que cabría esperar de acuerdo a los factores anteriores.
En definitiva, todo parece indicar que el proceso presentará una especial virulencia en los primeros meses, pero no por ello la duración se acortará, muy por el contrario, se espera que ese proceso bien puede durar de dos a tres años.
¿Y la Ayuda del Entorno Exterior?
Las conclusiones derivadas del los factores puramente internos deben, a su ves, matizarse por los condicionamientos externos. En este sentido, las perspectivas tampoco parecen nada halagüeñas. La zona del euro presenta unos grados de exposición importante, tanto derivados de los países emergentes que le rodean, como de la propia zona. En efecto, esos países emergentes están al borde del default. En estros países y durante los últimos años, el crédito interno ha venido creciendo a tasas tremendas: Bulgaria, al 60%, Kazakhastan, al 55,2%, y un 45%, a lo largo de los países bálticos, generando enormes déficit exteriores, con financiación complicada ante la crisis financiera externa. Esta situación pone en dificultades a los sistemas bancarios de Austria y, en menor proporción, al de Bélgica.
Al mismo tiempo, y acaso más importante, no parece que la propia zona europea esté en disposición de aliviar las penas derivadas del proceso de ajuste. Así, los últimos tiempos han confirmado la existencia de dos bloques de países perfectamente diferenciados en lo que respecta a su situación económica y con tendencias divergentes. Alemania no está contribuyendo a que el mecanismo autocorrector de la UME funcione. El año pasado los costes laborales unitarios de Alemania descendieron un 2,1%, frente a un aumento del 3,7% de Italia y un 0,8% de España. El efecto compuesto de esta evolución año a año es mortal para una unión monetaria. Así, desde 1995, cuando las cotizaciones de las monedas quedaron completamente fijas, Alemania ha experimentado una ganancia del 40% de sus costes laborales unitarios frente a Italia, de un 30% frente a España y un 20% respecto a Francia. Alemania esta ganado cuotas de mercado a costa de los países del mediterráneo. Presenta un superávit por cuenta corriente del 6,2%, casi todo a expensas de sus socios de la zona europea, mientras que el déficit alcanza el 9,2% en España, y un 14% en Grecia.
Esta evolución lleva a considerar de nuevo las críticas de los euroescépticos: que los sesgos inflacionistas, las estructuras salariales y los niveles de productividad son demasiados diferentes como para sostener una unión monetaria durante mucho tiempo. El punto de no retorna acaso ha sido alcanzado.
En cualquier caso, la zona europea ha pasado de ser considerada como la zona con posibilidades de absorber los efectos de la crisis estadounidense de las subprime, a ser muy posiblemente el detonante expansivo de la crisis.
Conclusión
En resumen, las características actuales de la economía española junto a la situación de la UME llevan a esperar que el proceso de ajuste sea, desgraciadamente, intenso y duradero. La V que entonces cabría esperar sería con un ángulo grande entre las líneas de bajada y subida de la actividad económica. En este contexto es en el que deben analizar las medidas de política económica disponibles, las que se desean adoptar y los efectos reales que pueden tener.
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Mª Jose Novales es economista del ICO y fue economista del antiguo Servicio de Estudios del Banco Exterior
Joaquín Zamorano es miembro del Servicio de Estudios de Banco de España, Jefe de Equipo del proyecto de la Unión Europea "Coordinación macroeconómica de MERCOSUR" y Profesor de la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales de la Universidad Complutense de Madrid
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