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El día de hoy se esperaba, aunque no con demasiada ilusión. El Presidente del Gobierno, Rodríguez Zapatero, tenía que hacer públicas más medidas para combatir la situación en la que nos encontramos. Y para ser sincero, hay cosas que siguen siendo decepcionantes y que muestran muy a las claras para lo que sirve el ciudadano medio: para votar.
Una de las medidas propuestas es la congelación de los sueldos de los altos cargos de la Administración y la reducción de un 30% en la Oferta de Empleo Público. Si bien la medida de contener los sueldos de los altos cargos de la Administración me parece, cuando menos, sensata, la reducción del empleo público es nefasta. Cualquiera que se acerque a la Administración sabe que hace falta gente, sobre todo en los cuerpos superiores de la Administración. Si se sacan 20 plazas, es probable que haga falta cubrir 30 puestos, pero se limitan y supeditan al presupuesto disponible. Si hasta ahora eran pocas las personas que preparaban oposiciones para puestos que realmente mueven la Administración, esta medida es un golpe tremendo a las necesidades de dirección de la Administración. Y desde luego es más fácil recortar por la parte de arriba que por abajo, donde la presión de los sindicatos pueda resultar en una huelga de la masa funcionarial de base. Pero mientras tanto, se permite que cada vez haya más órganos consultivos y asesores que no se ganan su sueldo en condiciones de mérito, igualdad y capacidad (vía oposición). Zapatero ha reconocido que España puede crecer por debajo del 2%. Hasta hace 3 meses, todo era de color de rosa, España era un país sólido y fuerte, nada ni nadie nos podía parar. Nuestro superávit parecía que iba a sostenerse en el tiempo durante largos años. Pasadas las elecciones, y engatusado al votante, ahora podemos hablar de lo que realmente hay. Que organismos supranacionales lo avisaran daba igual. Que la población percibiese que sus remuneraciones cada vez pesaban menos en sus bolsillos a nadie preocupaba. Los problemas no son nuevos. Comenzaron en la época del PP, con el pelotazo urbanístico y con la pillería del redondeo, que elevó los precios de manera subrepticia. Todo esto se le ha echado en cara al PP. Y con razón. La pega está en que llevamos una legislatura socialista y uno podría preguntarse dónde se ha materializado el pensamiento progresista. Los bancos siguen con unos beneficios record prohibitivos (anuncios de dividendos incluidos, como en el caso del Banco Santander). Los precios siguen desbocados y hemos pagado, durante una semana, los alimentos más básicos por encima de su precio, merced a un alarmismo alimentado por determinados grupos de presión. Y los sindicatos, callados. Los diputados se vuelven a subir el sueldo, mientras tanto. Y para colmo, se intenta animar al ciudadano esgrimiendo que tenemos un PIB per cápita superior al italiano. Como si fuera un consuelo mirarse en nuestros amigos mediterráneos, que están en una situación parecida a la nuestra. Lo que nadie cuenta es que si la renta media española se sitúa por encima de la media europea es porque los países que han entrado en la UE tienen una renta más baja. Ya se sabe que la media es sensible a los valores extremos, como diría cualquier entendido en estadística. Pero esto no se lo contemos al ciudadano, y menos después de una victoria futbolística. Se anuncian también ampliaciones en los créditos concedidos a las PYMES. En un país donde se depende tanto de las Pequeñas y Medianas Empresas, una medida así evidencia las "dificultades" por las que pasamos. Si se hunden las PYMES, apaga y vámonos. La única cuestión es de dónde se va a sacar el dinero, puesto que antes de las elecciones se comprometieron fuertes políticas de gasto. Recordemos la promesa de los 400 euros. Dice el señor Presidente que saben lo que hay que hacer para controlar la inflación y mejorar la balanza exterior. Diríase casi que en este gobierno han descubierto la piedra filosofal. Pero tales medidas las podrían haber venido aplicando desde la legislatura pasada, pues la posición exterior de España no ha sido muy buena. Cierto es que la fortaleza del euro perjudica y beneficia según qué cosas. Pero no depositemos una confianza tan acusada en temas que no han sido controlados durante cuatro años. También nos hemos enterado de que se privatizará parcialmente al gestor aeroportuario AENA y que se incorporará a las Comunidades Autónomas en su gestión. Medida más propia de un gobierno de derechas que de uno progresista. Pero ya se sabe, según de dónde sople el viento se ven las cosas de diferentes maneras. La ventaja para el actual gobierno es que las elecciones acaban de pasar y se dispone de cuatro años para volver a la senda del crecimiento. Pero que no sigan engañando al ciudadano, que al final es el que paga (y va a pagar a base de bien) por todos los lados. Edición a las 21.55: Acabo de leer en el periódico 20 Minutos que el Presidente se había equivocado y que la reducción no era del 30%, si no del 70%. Demasiados lapsus para 4 años de Gobierno. El panorama se pone interesante, queridos lectores.
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