Ana Vico es la coordinadora del stand “La Galería del Joven Coleccionista”, un espacio privilegiado que recogerá piezas con un precio inferior a 3.000 euros, pero con un acreditado valor histórico y artístico.
Interesante el discurso del Presidente de la UTECA , Alejandro Echevarría, en el Hotel Wellington el pasado 6 de Noviembre acerca del mercado audiovisual en España
Una oferta atractiva de empleo en Inglaterra, mails, cuentas corrientes, envíos monetarios… y detrás toda una trama de blanqueo de dinero, ¿quién es quién en el juego del tráfico del billete verde?
La neuroeconomía es una ciencia mixta entre psicología, neurología y economía que utiliza al máximo las posibilidades cognitivaspara la toma de decisiones, con un mínimo de datos y de una forma rápida, sin alterar el orden personal del colectivo empresarial. Así la describen los expertos españoles en la materia, como el coacher Miguel Carrión, responsable de la agencia Marginpilots, empresa que se presenta como un "observatorio de neuroeconomía y neuropolítica".
Inteligencia emocional aplicada a la economía, cálculo de posibilidades y rentabilidades que tiene en cuenta las emociones; o acción de neurotransmisores y hormonas como la oxitocina a la hora de tomar decisiones; situaciones, actuaciones que la ciencia tradicional no es capaz de prescribir.
Muchas son las denominaciones y una sola la respuesta. En nuestro cerebro se encuentra un ordenador perfecto capaz de entender las directrices del mercado sin nosotros proponérnoslo.
Surgió a finales de los noventa, y es en EE.UU donde ha encontrado adeptos. Muchas universidades como Stanford tienen departamentos dedicados en exclusiva a la nueva disciplina. Los verdaderos padres de esta ciencia son Daniel Kahneman y Vernon Smith, ganadores del Premio Nobel de Economía por sus trabajos sobre la toma de decisiones.
La "Society for Neuroeconomics", formada por 400 miembros ,celebró en 2004 y 2008 en Nueva York un congreso mundial. Como logo de la convocatoria, una balanza en equilibrio con dos platillos. En uno, un cerebro; en el otro, el símbolo del dólar.
Marketing y bolsa son dos disciplinas donde se pretende saber cuál es el color o el refresco que estimula más los reflejos en el cerebro, o determinar cuál es el mejor momento para mover ficha, por oposición a aquel en que es más aconsejable permanecer inactivo.
Es sabido por sentido común que estados de excitación, cólera o desdén no resultan aconsejables para acometer empresas, y las financieras no son una excepción.
El instrumento básico de la neuroeconomía es el empleo de imágenes por resonancia magnética (IRM). La disciplina dió sus primeros pasos antes de ser formulada como tal con experimentos sobre la toma de decisiones en simios. Pero el término neuroeconomía no surge hasta 1998 como posible línea de investigación. Paul Zak, biólogo y fundador y director del Centro de Estudios Neuroeconómicos de la Universidad de Claremont (California) debuta en la materia con un estudio sobre la colocación de recursos escasos. Apenas una década después, se muestra aún más convencido de las virtudes de la materia que ha contribuido a crear. “La neuroeconomía es realmente útil para predecir el comportamiento financiero. Muchos empezamos a mirar al cerebro durante el proceso de toma de decisiones porque algunos de los modelos económicos tradicionales no predecían bien el comportamiento. Sobre todo con las decisiones que implican a otras personas, que es lo que suele suceder en los mercados. En los experimentos, la gente podría no contarnos por qué hizo lo que hizo, por eso decidimos estudiar directamente sus cerebros", explicó Paul Zak por correo electrónico al periodista de El País, M. Antonia Sánchez-Vallejo.
Según expertos neurológicos el comportamiento del parqué, ese sintagma predispuesto a veleidades y reacciones tornadizas y sorprendentes -un desplome imprevisto de valores, órdenes de compra aparentemente sin ton ni son, etcétera-, tendría, según los adeptos a la neuroeconomía, una base psiquiátrica.
El portal Tendencia 21 indicaba recientemente en su artículo sobre Neuroeconomía; “los investigadores, en lugar de observar el comportamiento del sujeto, usan tecnologías de la imagen (resonancia magnética) para ver qué zonas del cerebro están activas durante esos experimentos”..
El Dr. Jonathan D. Cohen, profesor de neurociencia cognitiva en la Universidad de Princeton, Estados Unidos, ha realizado un juego “ultimátum” para explorar la toma de decisiones económicas. Los resultados de este estudio han sido publicados recientemente por la revista Science..
El Dr. Cohen y su equipo tomaban imágenes del cerebro de la gente mientras jugaban. El juego consistía en lo siguiente: el jugador A tiene 10 dólares y puede ofrecer la cantidad que quiera al jugador B. Si el jugador B acepta el ofrecimiento, el dinero se reparte, pero si no es así ninguno de los dos jugadores obtendrá nada.
La mayoría de los jugadores que encarnaba el papel B rechazaban ofertas de dos y tres dólares, prefiriendo penalizar al jugador A antes que sentirse engañado. Esto, evidentemente, va en contra de la lógica económica, que diría que es mejor quedarse con algo que perderlo todo, afirma el Dr. Cohen a The New York Times.
Según la teoría de juegos, en la que se basa el famoso dilema del prisionero, en un juego de varias rondas, para ganar es condición necesaria la cooperación de los jugadores. Se prefiere colaborar a no colaborar.
Las imágenes del cerebro mostraban que, cuando los jugadores aceptaban, un circuito situado en la parte frontal de su cerebro, que soporta el pensamiento deliberativo, se ponía en funcionamiento.
Sin embargo, cuando rechazaban la oferta, la ínsula –que vigila los estados del cuerpo, incluido el disgusto- dominaba el circuito frontal. Cuanto más fuerte era ese dominio, con más rapidez el jugador rechazaba la oferta.
Pablo Peyrolón, Profesor Asociado de la Universitat Pompeu Fabra y ESCI, estudioso del tema en España, confirmaba en su artículo "Neuroeconomía o la Economía del Prozac": “En economía no podemos seguir insistiendo en la racionalidad o pseudoracionalidad de los agentes económicos. Es imprescindible abordar nuevos puntos de vista para comprender mejor los mecanismos que operan en las tomas de decisiones económicas.”
El profesor de Psicología del Consumo del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), Dan Ariely, autor de Las trampas del deseo (Ed. Ariel), una obra divulgativa sobre la toma de decisiones que ya se ha colado en la lista de libros más vendidos en España, sostiene que "tanto la comida, como las drogas, como la reciprocidad en general, cuando se perciben como recompensas, funcionan cerebralmente de la misma manera". De ahí que la principal baza de la neuroeconomía sea "el gran potencial que encierra, no lo que nos haya podido enseñar hasta la fecha. Es un campo todavía joven", afirma por teléfono el investigador del MIT.
La neuroeconomía como ciencia joven también tiene sus detractores.Ismael Quintanilla, profesor del Departamento de Psicología Social de la Universidad de Valencia, se resiste a validar la neuroeconomía con un estatus académico, o científico, al uso: "Me suena muy raro, no sé lo qué es, me resisto a interpretarlo con códigos científicamente correctos", apunta. Quintanilla es especialista en psicología social de la economía.
"La neuroeconomía es una materia muy reciente y de la que se sabe poco. Si se enfoca desde la psicología biológica tiene una larga tradición; también existe una psicología económica desde hace mucho tiempo, pero como tal...". Para el profesor, cuyo último libro se titula Psicología y economía (Universitat de Valencia), la mayor confusión en torno a la neuroeconomía se produce porque "solapa", es decir, come terreno, a materias más científicamente consolidadas como la que él imparte.
El cerebro está formado por miles de millones de neuronas que se comunican entre sí mediante los neurotransmisores. La depresión se dice que está relacionada con un nivel bajo de serotonina (neurotransmisor) en el cerebro. La depresión se combate inhibiendo su recaptación de manera que permanezca a unos niveles más elevados y así se ahuyenten los síntomas del depresivo. Esto se hace mediante la fluoxetina, principio activo del más que famoso y controvertido fármaco Prozac.
Cada día el progreso nos informa que somos menos racionales pero más hormonales.
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