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Si alguno de nuestros queridos lectores es uno de los primeros y orgullosos propietarios de un iPhone, así es como nos debería ver.
Estos días estamos recibiendo un bombardeo constante acerca de la última cucada en tecnología: el iPhone de Apple. Dicho mareo ha venido propiciado por la necesidad de promocionar el producto, que ha sido expuesto hasta límites insospechados en los mass-media. Sobre todo en aquellos que no son ajenos a la inversión de Telefónica en su empresa.
Entiendo que siempre es bueno el avance tecnológico, pero no a costa de engatusar a los consumidores. Y menos en unos tiempos donde las carteras tiemblan ante la posibilidad de desembolsar unos buenos euros.
Nos han vendido al iPhone como un teléfono que puede hacer de todo y como un móvil revolucionario, pues se puede manejar con su pantalla táctil y con conexión a Internet. Vamos, lo que hace una PDA desde hace bastante tiempo (táctil y con conexión a Internet que se puede asociar a cualquier plan de datos). La novedad quizá venga porque se trasladan aparatos profesionales al gran público. Pero considerar al iPhone lo más de lo más, es un intento algo descarado para no fracasar en su implantación.
Uno esperaría que nadie hiciera cola, porque con la crisis que está cayendo parecería que este terminal deberían tenerlo los profesionales que deben ir enseñando "marca" por los cuatro costados. Y sin embargo, un chico entrevistado esta mañana reconocía que se iba a dejar un gran pellizco de su mes por tener uno. Cuestión de percepción monetaria y lo que uno está dispuesto o no a gastar. Que haya que gastar más de 2.000 euros para que el móvil te salga gratis es, como poco, sangrante.
Igual que las tarifas. Asumámoslo, los planes de transferencia de datos en España no son nada baratos. Y si alguien se toma la molestia de mirar las tarifas, como las que publica El Mundo , verá que ser uno de esos poseedores no le va a salir nada barato. A no ser que uno no sea el que lo pague. Luego está el compromiso de permanencia, que se sitúa en 2 años. Alguien de la Administración, de la parte de Consumo, debería vigilar ciertos temas: no puede ser que servicios que tienen precios relativamente altos (telefonía móvil, banda ancha) sean gratis porque el consumidor queda encadenado y condenado a pagar durante largo tiempo. Luego se queja el Gobernador del Banco de España que las empresas tienen beneficios record. Con actuaciones de esta manera, beneficios garantizados.
Que nadie me malinterprete: si me regalaran un iPhone, no lo rechazaría. Me gusta la tecnología, pero no a cualquier precio. Antes de que me lo regalasen me aseguraría muy y mucho de no ser la persona que abonase la factura del teléfono. Por la seguridad de mi bolsillo.
Piensen que las empresas necesitan crear al consumidor necesidades para obtener los beneficios que les permiten ser millonarios. ¿Necesitan ustedes un móvil tan caro para llamar y mandar mensajes? Bienvenidos a la sociedad del consumo en estado puro.
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