Luchando por un mundo más justo: ¿Cuál es el futuro para la democracia? Imprimir E-mail
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Escrito por quela   
Lunes, 01 de Diciembre de 2008 12:51

La globalización financiera erige el interés económico en bien supremo y, con absoluto desprecio a los derechos de los pueblos, impone la búsqueda del beneficio como norma absoluta de todas las sociedades. Las consecuencias son bien patentes: el agravamiento en todo el mundo de los desequilibrios económicos, ecológicos, sociales y culturales, y la cada vez más preocupante limitación de los controles que corresponden a las instituciones democráticas, que tienden a ser sustituidas por mecanismos y lógicas estrictamente especulativos que sólo expresan los intereses de las empresas transnacionales y de los mercados financieros.

Con este párrafo comienza el manifiesto de ATTAC (Asociación por la Tasación de las Transacciones financieras especulativas y la Acción Ciudadana). Susan Georges, Presidenta honorífica de ATTAC Francia y Presidenta del Comité de Planificación del Instituto transnacional en Ámsterdam, ha visitado España para impartir una conferencia sobre el triplete de crisis que amenazan a nuestro sistema globalizado, aportando soluciones difíciles que quedan en manos de gobiernos y ciudadanos para cambiar el rumbo de nuestro sistema.

Susan Georges, para quienes no la conozcan posee, entre sus títulos académicos, el de doctora en Ciencias Políticas por el École des Hautes Etudes en Sciences Sociales por la University of Paris. Licenciada en Filología francesa por el B.A. Smith College en EE.UU. Licenciada en Filosofía en la Universidad de la Sorbonne, en París. Su trabajo actual está encaminado hacia la lucha contra el modelo actual de la globalización, organización del comercio mundial, las instituciones financieras internacionales y las relaciones norte-sur.

Dentro del ciclo de conferencias de la Casa Encendida de Madrid: “Los retos del s.XXI: otro mundo es necesario”, hemos podido contar con la presencia de personalidades como Wangari Maathai, Ken Loach, Shirin Ebadi, que compartieron sus esperanzas y propuestas bajo la premisa de que “otro mundo es necesario y, sobre todo, que es posible”. Según la propia organización se está intentando contar con la presencia para la temporada próxima con la presencia de Antonio Aguirre y Susan Sarandon.

(De izq a dcha: Lourdes Lucía, Miembro de ATTAC; Susan Georges, Presidenta Honorífica de ATTAC; Enrique Arnanz, Miembro de la Casa Encendida)

Susan Georges indicaba que el siglo XXI ha empezado con mal pie. Es necesario un mundo distinto. La democracia no implica de forma automática la eficiencia cuando coexisten bolsas tremendas de pobreza, marginación, inexistencia de educación, sanidad y demás derechos básicos.

La crisis actual es una oportunidad que no va a durar siempre, y deber utilizarse para cambiar la estructura del sistema. El primer paso se dio con la elección del nuevo Presidente de los Estados Unidos, Barack Obama. “Yo lloré cuando ganó Obama. Me quedé hasta las cuatro de la madrugada para confirmar que realmente había ganado. Es una victoria gracias a la movilización de los ciudadanos.”

La configuración actual del sistema no es válida. En Europa, el 80% de las leyes provienen de Bruselas, y no garantizan que las respuestas sean las más eficientes, porque se centran en el ente y no en los problemas concretos de cada país. Un ejemplo es la implantación de las 65 horas laborales para ciertos colectivos. Es volver al siglo pasado.

En la actualidad, una triada de crisis amenaza al sistema. La crisis de la pobreza y la desigualdad. La crisis financiera y, para mí la más urgente, la crisis medioambiental.

La crisis de pobreza y desigualdad es una crisis social. Esta crisis no es necesaria ni deseable. En Europa, el 15% de la población, unos 72 millones de personas, son pobres. Europa tiene los recursos necesarios para que no exista ese volumen. Cuenta con cantidades ingentes de capital, recursos para distribuir entre la población. Podrían convertirse sus países en líderes dentro de los países de la OCDE. Podría cambiar las cooperaciones transnacionales, pero sólo es un mero espectador.

Esta crisis es una crisis de riqueza. La empresa Merrill Lynch elabora cada año un informe sobre las personas que poseen más liquidez para invertir. Son elevados patrimonios que juntos poseen más de 42 billones de dólares, más de tres veces el PIB de Estados Unidos, o más de 12 veces del PIB de la India.

Según la teoría económica, los individuos que poseen unos mayores niveles de renta deben recibir exenciones fiscales para que los tributos que no recauda el gobierno sean convertidos en inversión productiva que genere un mayor crecimiento. La evidencia empírica ha demostrado de forma constante que la teoría no se cumple. Las personas acaudalas no necesitan invertir más porque ya son ricas. Según la propia OCDE, el crecimiento beneficia a los ricos. Y los pobres siempre se quedan en segundo plano.

Forbes, revista que analiza todos los años los patrimonios más suntuosos indica en su informe que los 1.100 hombres y mujeres más ricos poseen dos veces la riqueza total del continente africano. Es otra muestra más de que el verdadero problema no es la falta de recursos, sino la distribución desigual de los mismos.

La Universidad de Naciones Unidas analiza la riqueza desde un punto más amplio que Merrill Lynch. Su informe abarca todas las posesiones de las personas, igualmente en liquidez o en pertenencias inmobiliarias, automovilísticas, etc. Según esta universidad, en torno al 2% de la población total concentra más de la mitad de la riqueza global, que se estima en 125 mil millones de dólares.

La segunda gran crisis que estamos viviendo con fortaleza es la crisis financiera derivada de las hipotecas basura. La crisis NINJA (no Income, no Job, no Asset) proviene del famoso apalancamiento financiero. Es decir, yo, banco con un euro propio, tengo derecho a pedir prestado a otros bancos o a mis propios clientes 5 dólares, que vuelvo a prestar en el mercado. Con esos 5 dólares, tengo derecho de nuevo a pedir prestado de nuevo 20 dólares, y así de forma recursiva. El problema deriva cuando soy un banco que nací como estatal, me han dejado crecer a base de fusiones y adquisiciones, y como sé que mi volumen es tan alto y de mi dependen tantas hipotecas y otros bancos por los activos que les vendo, puedo incurrir e incurro en operaciones con más riesgo. Sé que si me pasa algo no va a dejar el Estado que me hunda. Soy demasiado grande, me rescataran.

Ese era el planteamiento de entidades bancarias como Fannie Mae e IndyMac. Al final de la historia, los bancos sólo contaban en sus balances con un dólar propio por cada 50 que decían tener, y evidentemente el mercado pasó factura y la pesadilla se cumplió. El Estado los rescató. El problema se extendió cuando se mandaban comunicados que demostraban que no iban a poder pagar las deudas contraídas. El pánico sistemático corrió por las calles de Wall Street y las bolsas, ávidas de miedo, dejaron caer sus valores hasta cantidades irrisorias en sólo unos pocos días.

El problema deriva cuando no sólo estos bancos, sino también al resto, se les permiten prácticas tan arriesgadas. Cuando ningún banco está seguro en un sistema que fue creado bajo el amparo del máximo responsable, Alan Greenspan, presidente de la Reserva Federal durante más de diecinueve años, nadie puede escapar. Nadie podía decir nada contra Greenspan. El libre mercado había puesto sobre las mesa todas sus cartas.

La solución provino del mismo organismo que se quedó impávido ante la magnitud de la crisis. Henry Paulson pidió al gobierno un fondo de 700.000 millones de dólares para comprar los activos tóxicos y eliminar e inyectar liquidez al sistema. Hace sólo unos días tuvo que dar marcha atrás al plan, porque estaba comprando activos por un valor determinado, pero se preveía que su auténtico valor fuese muy inferior. El problema está derivándose en la ejecución de más de dos millones de hipotecas en Estados Unidos. La cuota de la hipoteca ha aumentado en 1.000 euros desde que ha empezado la crisis financiera y la inmobiliaria.

En España estamos algo mejor, porque el organismo supervisor, Banco de España no dejó adquirir esos bonos y su prudencia para la creación de un fondo de contingencias ha sido una burbuja de oxígeno para los primeros meses.

La última crisis es la más urgente. La destrucción de la biodiversidad, clima, flora, fauna, medioambiente es un problema que nos afecta a todos y ya se están comenzando a sentir las consecuencias y las devastaciones.

No podemos solucionar esta crisis como las anteriores. No podemos cambiar el clima y volver a reconstruirlo desde el principio. Es inviable.

La concepción conservadora de investigadores de Naciones Unidas no ayudó a impulsar de forma adecuada una conciencia social sobre el verdadero impacto de la realidad en nuestro entorno. El IPCC (Intergovernmental Panel on Climate Change) ha sido ampliamente manipulado por las naciones que más tenían que perder en la defensa del medioambiente. Estados Unidos, de forma sistemática, pedía o directamente cambiaba las cifras hacia la baja sobre las consecuencias inmediatas y a largo plazo de su devastador sistema productivo.

Los cambios que el actual sistema ha generado son más que evidentes. La agricultura en África ha caído más de un 50%, el área convertida en desierto aumentó kilómetros cada año en las zonas boscosas, y el aumento de la temperatura y los cambios bruscos provocan heladas que acaban con la vida de miles de personas y deja moribundos y al amparo de un agua inexistente a millones de personas en los cinco continentes.

Los informes actuales sobre cambio climático de Naciones Unidas indican que dentro de unas décadas el deshielo de los casquetes polares será una realidad. El área de influencia se expandirá a 300 km a la redonda, abarcando zonas como Siberia, donde los altos niveles de metano del permafrost elevarán sustancialmente la contaminación, dañando de forma irreversible la capa de ozono y provocando continuados desastres. Será una verdadera oleada de refugiados del calor, de las temperaturas extremas transmitiendo hambre y enfermedades hacia la zona norte del hemisferio.

¿Cuáles son las opciones o soluciones que podemos poner en marcha para parar esta oleada de crisis? La primera proviene de controlar a los bancos y usar la crisis para que las entidades bancarias sean más sociales. Si los bancos obtienen créditos suministrados por los Gobiernos, es decir, provenientes de nuestros bolsillos, estos créditos deberán devolverse a la sociedad concediendo préstamos verdes. Es decir, apoyar iniciativas que ayuden, por ejemplo, a que familias instalen paneles solares en sus respectivas casas para cambiar el sistema actual en materia de calefacciones. O ayudar a empresas a cambiar su sistema productivo por uno menos dañino para el medioambiente. Ganaremos por partida triple, se incentivará la inversión verde, generaremos menos emisiones y tendremos menos dependencia de energías fósiles para nuestro uso cotidiano.

Otra medida que lleva mucho tiempo encima de la mesa de los principales organismos internacionales es la supresión de la deuda externa. A cambio, estos países podrían comprometerse en destinar parte de esos recursos en ayudar a frenar la deforestación de sus hábitats, ayudar a especies en peligro de extinción y conservación de su flora autóctona.

Suprimir los paraísos fiscales. Doce billones de dólares se estima que están en estos paraísos, de los cuales 250.000 millones están dejando de ingresarse en las arcas estatales. El robo de millones y su posterior incursión en paraísos fiscales es un coste enorme para los más desfavorecidos. 400.000 millones de dólares han robado los distintos dirigentes corruptos africanos desde el siglo pasado y enviados a paraísos fiscales en búsqueda de la protección que brindan estas áreas. Parte de esta cantidad proviene de los fondos de ayuda o de los fondos de desarrollo que los países desarrollados concedían para incentivar la inversión y el desarrollo de la región. Pero las propias autoridades los desviaban en interés propio.

Controlar de forma democrática al sistema financiero es el pilar básico sobre el que debe trabajarse las futuras reformas del sistema. El dinero es un bien público. El uso de este bien de forma eficiente es el problema al que se enfrentan los dirigentes. El nuevo New Deal Verde podría ayudar a generar puestos de trabajo de mayor calidad e intensidad tecnológica.

El cambio es posible. Los gobiernos no sólo deben salvar a los bancos, el mundo también necesita ser rescatado.

La defensa de Susan Georges es sincera, pero desde mi punto de vista, ingenua. Cuando menos del 5% de la población controla cerca del 50% de la riqueza, no es fácil cambiar un sistema que está creado y perpetúa su propia vigencia. Sería una odisea pretender que las nuevas potencias emergentes como India, China, Brasil o Rusia, que poseen entre todas más de 60% de la población mundial, tengan un desarrollo más lento, en aras del medioambiente. Mucha población de estos países está verdaderamente ansiosa por consumir al estilo desarrollista. Es imposible inculcar en ellos que tienen que pagar los costes de nuestros excesos en el pasado. Que deban ser abanderados de una sociedad verde, que sólo ha contado con ellos para consumir y pagarles por emisiones de CO2 en el pasado. No creo que esta situación sea ni sencilla ni aplicable a nivel global.

Coincido totalmente con Georges que el poder de los ciudadanos está infravalorado. Pero de ahí a pasar a una revolución global verde hay un camino muy amplio. Las explosiones de descontento popular han sido pocas en nuestra historia y siempre geográficamente solitarias. La revolución rusa o la revolución francesa son un exponente. Pero movilizar a cinco continentes al unísono, cuando hay países en los que la defensa de los derechos humanos es prácticamente inexistente, es una quimera. Si un ciudadano no se moviliza por cambiar su propia existencia, mucho menos lo hará por el etéreo medioambiente.

La inversión en paneles solares como compensación a la ciudadanía por el pago a las entidades bancarias tras sus desastres financieros sería beneficioso cuando se basara en un cambio generalizado de uso de energías, como se produjo en la crisis energética de 1973. Pero focalizar toda la ayuda sería ver el problema por una sola cara del prisma, no verlo en su plenitud. Hay otros sectores más productivos que generarían los recursos para que en el futuro, a medio o largo plazo, se pase del sistema actual de energía a uno menos agresivo con el medio ambiente.

La supresión de paraísos fiscales es sencilla pero complicada cuando los propios gobiernos y sus dirigentes tienen cuentas en ellos. Es como derrumbar al gigante siendo un David sin honda.

El canje de deuda por acciones de desarrollo del país ya es una realidad. En otro artículo realizado por Economiajoven.net ya analizábamos el caso del canje de deuda externa por un programa de educación en países latinoamericanos. Ciertamente la educación no es materia medioambiental, pero con una buena educación también puede conseguirse una conciencia y además dotar de una base para una vida con mayores probabilidades de salir de la pobreza.

No quiero dar la sensación de haber perdido la esperanza. No la he perdido. Pero en tiempos como los actuales mejor ser realista y pensar en cambios que sí pueden darse y en destinar los recursos en acciones que puedan llevar a una solución más eficiente de forma real.

No quiero dejar de agradecer a Susan Georges su apoyo y confianza en la sociedad. No seríamos lo que somos sin pensar que realmente nosotros compartimos el poder.

 

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